Tenía prohibido mirar a los ojos.
Esa actitud, dicen, desata el infierno.
Entonces, labraron sus parpados con láminas de vidrio dando asueto social a su mirada por el tiempo que durase la custodia de las vírgenes del harén del sultán, autor de sus días según los dichos de las viejas, autor por otra parte de las paredes de su ceguera.
Una noche, en lo profundo de la antigüedad de esa noche, se sintió solo y quiso llorar.
No pudo.
Un canto lo perturbó de tal manera que buscó con sus manos el origen de ese murmullo.
Y encontró otra piel que por el perfume debía pertenecer al harén.
Tocó piel y formas de mujer, sintió cosquillas en su ingle.
Se puso furioso, pero una caricia lo calmó; y pudo ver por primera vez a través de otra voz.
Alguien lo traicionó.
Y fue torturado hasta la muerte.
Antes de ella, supo que el sultán era su padre y la virgen, su madre; pero por un pequeño y astuto cambio en su vida, sus autores eran desconocidos. Simples y arbitrarios verdugos.
martes, 20 de septiembre de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
Borges comunista
“Pan de nadie, en esa vereda sorda que transpira,
al no lograr llegar a ninguna parte...”
He leído por ahí, entre los carteles que abonan la idea de que todo el mundo que me rodea es analfabeto, que cuando el barco encalló en la isla del Diablo, ya Dreifus estaba obsesionado con Francia.
¿Que quieren decirme con aquello de Francia? ¿Quien necesita el nombre de un país que nunca visitará; y ni siquiera en sueños, soñara cogerse a una francesa? ¿Quienes son los molestos idiotas que transpiran sus camisas de “media gamba” manteniendo en manuscritos la semblanza soñadora de los últimos indios Onas, allá en la lejana Tierra del Fuego?
¿Quien escribe para quien? ¿Para los pocos que saben leer?
Mi país repartió bicicletas para que sus millones de trabajadores no fueran caminando a sus labores en sencillas fábricas, fabricando bellas tacitas de porcelana para tomar el té.
Mi país, que no es Francia, repartió sandalias para que sus millones de trabajadores, vendó los pies desnudos de sus millones de habitantes que caminaban hartos kilómetros para sentarse ante sus rudimentarias maquinas de fabricar rigurosidad. Y en medio de tanta fealdad, la palabra belleza que nadie entiende porque nadie ha quedado a centímetros de la tinta parea transcurrir en el trazo ríspido de la palabra, de entre sus letras, del amor presuntuoso del que escribe con su tinta enrojecida que apenas es sangre aguachenta, sangre enceguecida por la oscuridad de la luz.
Pero, veamos... Estaba encima del barco que encalló en las costas de Dreifus, mientras Francia, laxa entre las piernas de un amante de ocasión, encendía un cigarrillo...
al no lograr llegar a ninguna parte...”
He leído por ahí, entre los carteles que abonan la idea de que todo el mundo que me rodea es analfabeto, que cuando el barco encalló en la isla del Diablo, ya Dreifus estaba obsesionado con Francia.
¿Que quieren decirme con aquello de Francia? ¿Quien necesita el nombre de un país que nunca visitará; y ni siquiera en sueños, soñara cogerse a una francesa? ¿Quienes son los molestos idiotas que transpiran sus camisas de “media gamba” manteniendo en manuscritos la semblanza soñadora de los últimos indios Onas, allá en la lejana Tierra del Fuego?
¿Quien escribe para quien? ¿Para los pocos que saben leer?
Mi país repartió bicicletas para que sus millones de trabajadores no fueran caminando a sus labores en sencillas fábricas, fabricando bellas tacitas de porcelana para tomar el té.
Mi país, que no es Francia, repartió sandalias para que sus millones de trabajadores, vendó los pies desnudos de sus millones de habitantes que caminaban hartos kilómetros para sentarse ante sus rudimentarias maquinas de fabricar rigurosidad. Y en medio de tanta fealdad, la palabra belleza que nadie entiende porque nadie ha quedado a centímetros de la tinta parea transcurrir en el trazo ríspido de la palabra, de entre sus letras, del amor presuntuoso del que escribe con su tinta enrojecida que apenas es sangre aguachenta, sangre enceguecida por la oscuridad de la luz.
Pero, veamos... Estaba encima del barco que encalló en las costas de Dreifus, mientras Francia, laxa entre las piernas de un amante de ocasión, encendía un cigarrillo...
Muertes Modernas
DENNIS WILSON
Vocalista y baterista de BEACH BOYS # Diciembre 1983
El mar es mi próximo hogar. Lo presiento. Cuando cada ola te transporta y notas que su piel te vibra debajo de los pies, sentís lo que sintió Jesús cuando camino sobre las aguas. Esa sensación infinita de no quebrar las reglas inmortales, ese menosprecio por el cielo y por el infierno. Más allá, cuando el sol se ahoga en el límite y las arenas se aquietan, salgo a caminar por la playa. Busco caracoles, me río del salobre gusto en la boca de un beso dado al descuido, y me maravillo por tu sonrisa mientras bailas ligera, en un amague de ternura. Pero estoy solo. Tan solo como un pez muerto, frío, con los ojos saltones de mirada fija; y ya no están los muchachos de la playa haciendo fogatas entre las dunas, ni sus guitarras con canciones que hablaban del amor a los gritos bajo el caliente sol californiano. Soy afortunado. En algún recodo de mi memoria todavía conservo las palabras justas, el sonido claro, y la forma del agua alrededor de mi cuerpo…
Vocalista y baterista de BEACH BOYS # Diciembre 1983
El mar es mi próximo hogar. Lo presiento. Cuando cada ola te transporta y notas que su piel te vibra debajo de los pies, sentís lo que sintió Jesús cuando camino sobre las aguas. Esa sensación infinita de no quebrar las reglas inmortales, ese menosprecio por el cielo y por el infierno. Más allá, cuando el sol se ahoga en el límite y las arenas se aquietan, salgo a caminar por la playa. Busco caracoles, me río del salobre gusto en la boca de un beso dado al descuido, y me maravillo por tu sonrisa mientras bailas ligera, en un amague de ternura. Pero estoy solo. Tan solo como un pez muerto, frío, con los ojos saltones de mirada fija; y ya no están los muchachos de la playa haciendo fogatas entre las dunas, ni sus guitarras con canciones que hablaban del amor a los gritos bajo el caliente sol californiano. Soy afortunado. En algún recodo de mi memoria todavía conservo las palabras justas, el sonido claro, y la forma del agua alrededor de mi cuerpo…
sábado, 9 de julio de 2011
Ultimo día en la tierra
El Tano manejaba la cámara, pero temblaba. Las explosiones fueron de menor a mayor. Transmitían todo por una única radio que había sobrevivido. Ahora, los militares tenían preparada la mayor de las sorpresas; la gran bomba, una Via Láctea que fragmentaria todo a su alrededor. Un gran mundo haciendo crack y nadie para contarlo después.
El Tano comenzó a temblar de nuevo, sentí el ruido de su temblequeo y ambos miramos ávidos hacia el horizonte. Unos árabes se arrastraron hacia nuestro pozo. Traian otra radio nueva y mas potente. Uno de ellos me encaro y me dijo que hiciera algo para parar la locura, que ustedes los occidentales iban a hacer daños irreparables. Le dije que lo sentía pero que ya no había nada que hacer. Miramos todos hacia la Meca y comenzamos a orar. Hasta el Tano temblando oro. Luego, pusimos la radio a todo volumen transmitiendo una cuenta regresiva en ingles. Cuando llego a cero, todo se ilumino. Y el Tano dejo de temblar.
El Tano comenzó a temblar de nuevo, sentí el ruido de su temblequeo y ambos miramos ávidos hacia el horizonte. Unos árabes se arrastraron hacia nuestro pozo. Traian otra radio nueva y mas potente. Uno de ellos me encaro y me dijo que hiciera algo para parar la locura, que ustedes los occidentales iban a hacer daños irreparables. Le dije que lo sentía pero que ya no había nada que hacer. Miramos todos hacia la Meca y comenzamos a orar. Hasta el Tano temblando oro. Luego, pusimos la radio a todo volumen transmitiendo una cuenta regresiva en ingles. Cuando llego a cero, todo se ilumino. Y el Tano dejo de temblar.
miércoles, 22 de junio de 2011
La triada de la Madre Teresa de Calcuta
Construir la muerte a partir de la muerte... Nadie sabe a ciencia cierta como funciona la muerte; si esto que solemos ver a nuestro alrededor se denomina vida, si los que deambulamos entre pares, integrándonos, desintegrándonos, con todas las estrategias posibles en el odio, y el amor se llama vida, así a secas, en un planeta aguado y polvoriento, en una clara vigencia entre la enemistad profunda y la violencia en sincronía con los demás cuerpos... En fin... Me temo que la Fundación de la Madre Teresa de Calcuta va a seguir institucionalizando la pobreza mas intrincada, la dejadez extrema y soliviantada. No hay más que ver... Pasen y vean... Ahí están los huesos casi a la intemperie de, pongámosle, Jordán... No es un nombre Indio; en realidad, no es nativo de estos lares. El es uno de los tantos que se robustecieron en la populosa Calcuta viviendo de quien sabe que y por cuanto tiempo. Pero, allí están sus huesos roídos hasta la endebles grisácea de una piel tirante que apenas lo recubre. Se le da un cuenco de arroz hervido del tamaño prolijo de una mano de niña menuda tres veces por día. Se lo higieniza con trapos húmedos, y sus ojos abiertos la mayoría del tiempo, miran el cielorraso cruzado de troncos y chapas irreductibles.
Jordán, el moribundo, ya esta muerto, solo que nadie todavía le dio el ultimo empujón. Y las huestes de la Madre Teresa lo mantienen vegetalizado, ni más ni menos... Alguien dijo alguna vez: Habría que hacer algo... El dinero del mundo entero entra en la fundación. Pero, solo se le da a Jordán un cuenco de arroz blanco que alcanza solo para que su cuerpo no tenga miseria fisiológica. Y las cámaras de la televisión Alemana (justamente ellos, que pregonaban la limpieza de la raza humana) enfocan los penosos ronquidos de Jordán en su litera vegetal, mientras una periodista, en su idioma, alaba la lucha de la Madre Teresa de Calcuta por erradicar la pobreza. Entérense... Hay que persistir en la hambruna más caótica para que los países ricos prolonguen, en el tiempo, sus dadivas. Solo es ayudar a que un muerto no muera de muerte cruel, aunque técnicamente, ya este muerto.
Jordán, el moribundo, ya esta muerto, solo que nadie todavía le dio el ultimo empujón. Y las huestes de la Madre Teresa lo mantienen vegetalizado, ni más ni menos... Alguien dijo alguna vez: Habría que hacer algo... El dinero del mundo entero entra en la fundación. Pero, solo se le da a Jordán un cuenco de arroz blanco que alcanza solo para que su cuerpo no tenga miseria fisiológica. Y las cámaras de la televisión Alemana (justamente ellos, que pregonaban la limpieza de la raza humana) enfocan los penosos ronquidos de Jordán en su litera vegetal, mientras una periodista, en su idioma, alaba la lucha de la Madre Teresa de Calcuta por erradicar la pobreza. Entérense... Hay que persistir en la hambruna más caótica para que los países ricos prolonguen, en el tiempo, sus dadivas. Solo es ayudar a que un muerto no muera de muerte cruel, aunque técnicamente, ya este muerto.
martes, 24 de mayo de 2011
DUANNE ALLMAN
Guitarrista Y fundador de los ALLMAN BROTHERS BAND # Octubre 1971
Había descubierto que los dedos iban más rápido que el sonido que iluminaba la sala de grabación. Tome una medida de wiskey. Me mire los dedos a la luz de mis ojos. Quizás el crujido de una hoja que se pisa en el viento mojado de este invierno permanente, o los celos de esa chica que me mira por el vidrio. Todo era artesanal. Había estado en muchos sitios a la vez y en ninguno de ellos sentí la extinción y el desahogo de la velocidad como cuando cruzas el parque, entre los árboles, a 180 millas con la motocicleta; y el sonido es un prolongado siseo como si las llamas que te devoran, se apagaran por una lluvia repentina y fría. No cambio esa sensación por nada del mundo… Bah, si esa chica me dice que la lleve a dar una vuelta a bordo de mi Halley, lo haría de buen modo… Dicen que la palma de la mano es la continuación de un camino iluminado por la luna que da vueltas y me llega a ningún lugar. Busco las llaves en el bolsillo. Me olvido el casco en un rincón de la energía y salgo, hacia ninguna parte…
Había descubierto que los dedos iban más rápido que el sonido que iluminaba la sala de grabación. Tome una medida de wiskey. Me mire los dedos a la luz de mis ojos. Quizás el crujido de una hoja que se pisa en el viento mojado de este invierno permanente, o los celos de esa chica que me mira por el vidrio. Todo era artesanal. Había estado en muchos sitios a la vez y en ninguno de ellos sentí la extinción y el desahogo de la velocidad como cuando cruzas el parque, entre los árboles, a 180 millas con la motocicleta; y el sonido es un prolongado siseo como si las llamas que te devoran, se apagaran por una lluvia repentina y fría. No cambio esa sensación por nada del mundo… Bah, si esa chica me dice que la lleve a dar una vuelta a bordo de mi Halley, lo haría de buen modo… Dicen que la palma de la mano es la continuación de un camino iluminado por la luna que da vueltas y me llega a ningún lugar. Busco las llaves en el bolsillo. Me olvido el casco en un rincón de la energía y salgo, hacia ninguna parte…
miércoles, 18 de mayo de 2011
Llamado Telefónico
Me costó conseguir su número.
Marqué tembloroso.
Del otro lado, sentí que algo universal se ponía en movimiento; un interminable sonido que llamaba desde el cielo para que la tormenta se desatase y crezcan los relámpagos, y se iluminen las inflables nubes…
-Hola…
No contestó. Es su voz. Tu voz. La voz de ella. Mi voz. Tantas voces recreadas detrás del firmamento, en los recovecos mudos de un cielo mortuorio…
- Hola; sos vos?
- Hola, contesto con llagas en la voz… Como supiste que era yo?
Ella todo lo sabe, todo lo intuye, todo lo supone…
- Me imaginé, dice con candor… Pero, ya han pasado nueve años…
- Pero, ya pasó mucho tiempo desde la última vez…
Esa ultima vez del desfiladero, de la santificación de los héroes, del laberinto mudo del sacrificio…
- Como estas?
Me ayuda en el silencio su voz, infinitamente más poderosa…
- Bien, le digo, extrañándote…
- Porque vos queres…
Me observa desde lo alto de su montaña.
Yo, desde mi llanura, asiento apesadumbrado…
- Tengo una deuda con vos, le digo minimizando el dinero prestado y no devuelto…
- Si, creo que si; faltan algunas cosas…
El inventario es el siguiente: un candelabro con incrustaciones de jade, una pequeña urna de oro macizo, una deidad de marfil, dos o tres gaviotas de alabastro, y restos del mar visto desde la primavera boreal. Un inventario canallesco, por decirlo con simpatía…
- Te debo ciento cincuenta pesos, digo con voz entrecortada…
- Si; y todo lo demás? observó ella con la sabiduría intacta.
Me estremezco. Me siento un bandido al que han pescado justo en el momento de cruzar la frontera…
- Y vos como estas?
Trato de cambiar mi situación obviando lo demás y pasando hacia la habitación del alma…
- Bien. Pero, porque desapareciste?
Su voz cambió. Ahora parecía terrenal, arbórea…
- Me pareció que vos le dabas demasiada importancia a lo material, y desechabas lo otro…
- No. Su voz se tornó espesa. Me pareció que vos no ibas a cambiar; devolverme la plata y lo otro, hubiese sido lo justo…
El cielo ahora era un hervidero de ruidos magnéticos, cantos y sitios iluminados velozmente…
- Además, el que desapareció fuiste vos…
Allí perdí la noción de si era mi voz o la voz de ella la que decía esto ultimo…
- Mirá, es mejor que dejemos todo como esta; dijo ella sin alongar un ápice su distancia…
- Si; murmuré en retirada…
- Algo más… dije… Tengo un poema para vos, lo queres?
- Si, dijo… Anda a la ventana y déjalo volar. Si toma esta dirección seguro lo voy a recibir, dijo entusiasmada y frágil…
- Bueno, adiós…
- Adiós, sentí en la distancia…
Luego, abrí la ventana y comencé a leer.
Cada palabra abría sus alas y desaparecía en la oscuridad. No pude saber que dirección tomaban, pero por la tormenta que amainaba y las nubes disipándose, creo que habían tomado el camino correcto…
Marqué tembloroso.
Del otro lado, sentí que algo universal se ponía en movimiento; un interminable sonido que llamaba desde el cielo para que la tormenta se desatase y crezcan los relámpagos, y se iluminen las inflables nubes…
-Hola…
No contestó. Es su voz. Tu voz. La voz de ella. Mi voz. Tantas voces recreadas detrás del firmamento, en los recovecos mudos de un cielo mortuorio…
- Hola; sos vos?
- Hola, contesto con llagas en la voz… Como supiste que era yo?
Ella todo lo sabe, todo lo intuye, todo lo supone…
- Me imaginé, dice con candor… Pero, ya han pasado nueve años…
- Pero, ya pasó mucho tiempo desde la última vez…
Esa ultima vez del desfiladero, de la santificación de los héroes, del laberinto mudo del sacrificio…
- Como estas?
Me ayuda en el silencio su voz, infinitamente más poderosa…
- Bien, le digo, extrañándote…
- Porque vos queres…
Me observa desde lo alto de su montaña.
Yo, desde mi llanura, asiento apesadumbrado…
- Tengo una deuda con vos, le digo minimizando el dinero prestado y no devuelto…
- Si, creo que si; faltan algunas cosas…
El inventario es el siguiente: un candelabro con incrustaciones de jade, una pequeña urna de oro macizo, una deidad de marfil, dos o tres gaviotas de alabastro, y restos del mar visto desde la primavera boreal. Un inventario canallesco, por decirlo con simpatía…
- Te debo ciento cincuenta pesos, digo con voz entrecortada…
- Si; y todo lo demás? observó ella con la sabiduría intacta.
Me estremezco. Me siento un bandido al que han pescado justo en el momento de cruzar la frontera…
- Y vos como estas?
Trato de cambiar mi situación obviando lo demás y pasando hacia la habitación del alma…
- Bien. Pero, porque desapareciste?
Su voz cambió. Ahora parecía terrenal, arbórea…
- Me pareció que vos le dabas demasiada importancia a lo material, y desechabas lo otro…
- No. Su voz se tornó espesa. Me pareció que vos no ibas a cambiar; devolverme la plata y lo otro, hubiese sido lo justo…
El cielo ahora era un hervidero de ruidos magnéticos, cantos y sitios iluminados velozmente…
- Además, el que desapareció fuiste vos…
Allí perdí la noción de si era mi voz o la voz de ella la que decía esto ultimo…
- Mirá, es mejor que dejemos todo como esta; dijo ella sin alongar un ápice su distancia…
- Si; murmuré en retirada…
- Algo más… dije… Tengo un poema para vos, lo queres?
- Si, dijo… Anda a la ventana y déjalo volar. Si toma esta dirección seguro lo voy a recibir, dijo entusiasmada y frágil…
- Bueno, adiós…
- Adiós, sentí en la distancia…
Luego, abrí la ventana y comencé a leer.
Cada palabra abría sus alas y desaparecía en la oscuridad. No pude saber que dirección tomaban, pero por la tormenta que amainaba y las nubes disipándose, creo que habían tomado el camino correcto…
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